Hermitage Barcelona

Vecinos de la Barceloneta se sublevan contra “la opacidad” del Hermitage

El Puerto niega que presione el Ayuntamiento y asegura que si el proyecto sale adelante será por consenso

Laura Álvarez Barcelona | 13/12/2017 23:20

La Barceloneta está dividida entre lo que quieren los comerciantes y lo que quieren los vecinos en referencia a la posible ubicación en el barrio de una franquicia del museo del Hermitage, de San Petersburgo. Los primeros están convencidos de que los repercutirá en más volumen de negocio, mientras que los segundos tienen claro que más masificación turística comportará más expulsión de vecindario. Pero el proyecto que prevé ubicar el equipamiento junto al Hotel W hace meses que está en punto muerto, a la espera de que el Ayuntamiento mueva ficha. El gobierno municipal, a pesar de admitir que la zona ya tiene una fuerte carga turística, no cierra la puerta y está pendiente de que se presente un proyecto definitivo.
La Asociación de Vecinos de la Ostia y la Plataforma en Defensa de la Barceloneta -una organización vecinal especialmente combativa en temas de vivienda y que este año ya ha parado casi una veintena de desahucios en el barrio- han sumado fuerzas para poner en marcha una campaña en contra de la ubicación de la franquicia del museo ruso en la nueva bocana del puerto de Barcelona. Consideran que sería la gota que haría derramar el vaso.
Más gentrificación en la zona
“Lo último que necesita Ciutat Vella es más turismo”, asegura Óscar Domènech, miembro de la plataforma. Han conseguido el apoyo de numerosas entidades de toda la ciudad, como la Federación de Asociaciones de Vecinos y Vecinas de Barcelona (FAVB) y la Asamblea de Barrios por un Turismo Sostenible (ABTS), y han escrito un manifiesto que mañana harán llegar al Ayuntamiento. En el texto, aseguran que el equipamiento sólo traería más elitización y gentrificación en una zona ya muy castigada por la masificación turística y la especulación inmobiliaria, dos fenómenos que, aseguran, provocan la destrucción del tejido comercial tradicional y asociativo del barrio y la expulsión del vecindario. “Los inversores extranjeros compran edificios enteros para hacer pisos de lujo después de expulsar a los vecinos”, explica Sebas Huguet, miembro de la plataforma.
El barrio, sin embargo, está dividido. Este no es el primer intento de presión que la Barceloneta hace al gobierno municipal para que se apresure a tomar una decisión. Hace unos días, la Asociación de Vecinos de la Barceloneta, una entidad minoritaria en el barrio con sólo nueve miembros pero estrechamente ligada a la Asociación de Comerciantes, hizo un manifiesto favorable a la franquicia del museo de San Petersburgo, en el que aseguraba que podría representar una buena manera de recuperar la dignidad del barrio, muy perjudicada desde hace tiempo por el turismo de borrachera. En declaraciones a este diario, el vicepresidente de la entidad, Manel Martínez, argumenta: “Quieren que la oferta de ocio nocturno se vaya del barrio, y al final se trata de hacer acciones para desplazar el turismo que no queremos”. También asegura que el museo del Hermitage beneficiaría a los comerciantes y dinamizaría el tejido empresarial de la zona.
                                                   700.000 visitantes al año
A la espera de los datos definitivos de 2017, el Ayuntamiento cuantifica en más de 30 millones el volumen de turistas que visitan cada año Barcelona y, si el museo del Hermitage termina ubicando a la ciudad, a esta cifra se ‘deberán añadir los visitantes adicionales que atraería el equipamiento, que podría recibir 700.000 personas anualmente. Además, también atraerían visitantes las instalaciones proyectadas alrededor del museo: un solarium, un restaurante, un bar, una tienda de souvenirs y una terraza con wifi gratuito.
Los vecinos de la Asociación de la Ostia y de la Plataforma en Defensa de la Barceloneta, sin embargo, van un paso más allá y denuncian opacidad del Puerto de Barcelona, ​​consorcio público-privado propietario del solar donde quiere ubicarse la franquicia del museo ruso. “El puerto siempre nos ha hecho un doble juego. En las diferentes remodelaciones del frente litoral nos han prometido aseos públicos, zonas infantiles y espacios para el vecindario que nunca se han hecho realidad “, explica Pino Suárez, miembro de la Asociación de la Ostia.
Los vecinos están convencidos de que con la instalación de la subsede del museo de San Petersburgo el puerto tiene mucho que ganar, y aseguran que “está presionando al Ayuntamiento para que el Hermitage ubique bajo su jurisdicción”, asegura Lourdes López, miembro de la plataforma.
Fuentes del Puerto de Barcelona, ​​sin embargo, niegan rotundamente que estén presionando la administración de ninguna manera y aseguran que “si el proyecto del Hermitage acaba saliendo adelante se hará por consenso con el Ayuntamiento de Barcelona”.

El proyecto prevé un edificio de cinco plantas con siete salas de exposiciones, bar y restaurante, e implicaría una remodelación en profundidad de la zona que la haría aún más atractiva para los turistas, ya que, entre otras cosas, está prevista la construcción de una pasarela para enlazar directamente el museo con la terminal de cruceros. “Quieren que esa zona sea un polo de atracción de turismo como lo es la Villa Olímpica, donde los vecinos ya hace tiempo que no vamos. La gran diferencia es que en la Villa Olímpica es el Ayuntamiento quien decide si se renuevan o no las licencias, y aquí quien corta el bacalao es el puerto “, añade Domènech.

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